La metáfora de un pequeño ángel

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09/01/2004

Autora conta sua experiência de trabalho com um menino autista

Valeria Canales Valdovinos

El primer niño con autismo que conocí fue en Chile cuando estudiaba Educación Diferencial en la Universidad Pedagógica de Santiago. En ese instante no había mucha información y profesionales dedicados al tema. Yo aparecí en la casa de un niño de cuatro años con sospecha de autismo con mis manos vacías y la convicción de mi vocación llena de amor.

Desde el primer momento cuando apareció detrás de su madre desde del umbral de la puerta del departamento, corrió hacia mi tomando mi mano y corriendo me llevó a su cuarto donde había un juguete que quería alcanzar a través de mi. Así empezó nuestra pequeña reunión.

Sin decirme nada yo pude comprender su lenguaje melódico como descifrando las palabras en un mundo sin ellas. No era sino un intercambio de sentimientos y sensaciones. Un canto que por toda mi vida yo creía que era mío y en un segundo dejó de serlo para siempre.

Durante la sesión compartimos alegrías y melodías, su manera de jugar era girando objetos circulares una y otra vez, así autoestimulaba su propio estado de felicidad y euforia. Curiosamente a mi no me parecían negativas ni extrañas sus maneras de expresarse.

Fue desde allí cuando pude entrar a su mundo y ser parte de él. Para mi, su manera de ser eran parte de mi propio mundo, curiosamente fue como si nos conocieramos de toda la vida.

Su risa era una encantadora melodía de gestos y saltos. Así como sus manos agitándolas cerca de los oídos hacían de su rostro un ángel que se eleva de felicidad. El soplido de las alas de un ángel cerca de los oídos. Su manera de volar en un estado casi de meditación trascendental pues era una infinita paz la que podíamos compartir cuando sus risas se transformaban en el vuelo de un ángel.

Poco a poco fui descubriendo sus dificultades en la vida diaria y me propuse trabajar sus áreas fuertes como una manera de estimular el desarrollo integral y emocional desde sus capacidades. Comprender las expresiones faciales a través del espejo fue uno de los trabajos más emocionantes y enriquecedores. Risas y sonrisas, los diferentes estados de una persona, una de las dificultades más grandes para las personas con autismo.

Necesitaba de un ambiente donde todo pudiera ser predecible y constante, los cambios inesperados le provocaban angustia y ataques de llanto. Balancearse y murmurrar una melodía eran formas de tranquilizarse y así retomar el control del contexto y el caos externo como interno.

En cuanto al lenguaje aún dormido, sus maneras de comunicar eran originales y especiales de cada situación, prefería comunicarse a través de los objetos que de gestos o sonidos. Poco a poco fue descubriendo que también existían los ojos y los brazos, la voz y las palabras, la comunicación enriquecida con gestos y miradas como una forma de crecer emocionalmente.

Tendencia repetiviva en situación de juego, todo el tiempo girando objetos y destruyendo objetos frágiles, poco a poco construimos rutinas de juego y situaciones entretenidas para reconstruir el desarrollo juego simbólico.

Un dia llegó el día que sería nuestro último encuentro. Yo viajaría en avión al otro lado del mundo donde continuaría mis estudios precisamente para él. Al final de la tarde él corrió en busca de mantel azul que tenía un gran sol al medio. Me sentó en el sillón y me cubrió con el mantel y se acomodó a mi lado debajo del azul. Allí todo azulino tocó mi rostro como un ciego lo hubiera hecho, sintiendo cada rasgo de mi cara como un descubrimiento.

Poco después yo le dije que a pesar de que me iría lejos, él estaría siempre en mi corazón donde yo estuviera, él viviría en mi corazón. Allí se quedó con su oído en mi corazón durante un largo rato como escuchando mis latidos. Dejando una parte de él en mi y de cuando la realidad me hacía llorar ahora quería quedarme.

Poco después me cubrió con el manto azulcomo si yo me quedara a pasar la noche allí, sabiendo que al otro día yo me subiría al avión y desaparecería de la rutina de sus días por un largo tiempo.

Dos años más tarde cuando visitaba Chile quise verlo otra vez y allí decidimos encontrarnos en un centro comercial. Yo no esperaba que me reconociera entre las personas, pero de sopresa cuando me vio corrió hacia mi y me puso un reloj que tenía de mucho tiempo y saltó con sus manos agitándolas en sus oídos, feliz y saltando de alegría el abrazo fue como si siempre hubieramos estado juntos. Allí volamos juntos una vez más y de un segundo para siempre quedó nuestro recuerdo impreso en mi corazón.

Su manera de expresar felicidad son muy distintas a las nuestras que en vez de reir cuando estaba feliz agitaba las manos como si fueran las alas de un ángel que agita en su vuelo, las plumas alrededor de los oídos y basta con oir el soplido del vuelo de este propio ángel que la felicidad se desborda en el giro de un objeto circular brillante.

Valeria Canales Valdovinos. Estocolmo, Suecia. Out. 2001
leia também "El mundo de la Hipoacusia" da mesma autora http://www.saci.org.br/index.php?modulo=akemi&parametro=8976

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